jueves, 27 de julio de 2017

LOS TRUCOS DE LA CREACION: TRES CASOS EN GARCÍA MÁRQUEZ





Un escritor se vuelve ducho en el oficio, poco a poco. Utiliza frases y giros preferidos, adjetivos o adverbios cercanos a su estilo, figuras literarias o no, personajes numerosos o limitados. Pero en cualquier caso, existen trucos propios del arte de la creación literaria, acerca de los cuales debemos tener conciencia. En ocasiones deben pasar desapercibidos. En otros momentos son evidentes, pero marcan un relato, un personaje o una situación. Hoy quiero referirme a tres casos concretos en parte mínima de la obra de García Márquez.


El PRIMER TRUCO: UNA CARÁCTERÍSTICA INOLVIDABLE DEL PERSONAJE

En su cuento “Me alquilo para soñar”, existe un personaje femenino, una mujer de origen colombiano que vivía en Viena, luego en Portugal y que finalmente es víctima de un accidente frente al malecón de La Habana. Al parecer tenía, o al menos afirmaba tener, una facultad innata para analizar los sueños de los otros.

En el fondo, el cuento es solo un pretexto de autor para dialogar con parte de sus lecturas e imágenes: con Freud, Borges y Neruda;  con Viena, Porto y La Habana; con la realidad y los sueños. De paso, para García Márquez el mundo de los sueños era solo un importante escenario de mensajes ocultos; para Borges es una realidad tan importante o más que la vigilia; para Neruda era un mundo subordinado a la realidad.

Pero el lector suele percibir el cuento que comentamos,  como la historia de una mujer que se alquilaba para soñar y descifrar los sueños de los otros. Todo porque García Márquez utiliza  algunos artilugios: ante todo, el título, que dirige al lector hacia un argumento central. Luego, por el hecho de que la  mujer, a quien el narrador bautiza como “Frau Frida” (un buen intertexto con parte de la tradición mexicana), tiene una característica externa inconfundible: un anillo en forma de serpiente con dos esmeraldas engastadas cual los ojos del ofidio. Es ese anillo el que da continuidad a la historia y caracteriza de manera clara al personaje en varias etapas de su vida. Hasta los sueños parecen diluirse  en la magia simbólica y un tanto absurda del objeto, único e irrepetible.  Un claro recurso de escritor, que funciona a todas luces.


EL SEGUNDO TRUCO: UNA FORMA NO USUAL DE NARRAR

La crónica de la muerte anunciada, es una obra sobre el sentido del honor en una sociedad tradicional. También es un diálogo claro con la tragedia griega, y un escrito sobre la violencia de la naturaleza humana en un poblado del Caribe; es también un relato sobre la fatalidad y la tristeza como parte de la condición humana.

Pero la obra tiene un elemento novedoso: en efecto, solía enseñarse en cursos, talleres y programas de escritura creativa, que una de las características del cuento es la sorpresa, que debía llegar casi siempre luego de un relato lineal en el cual la narración asciende gradualmente hasta lograr un pico de tensión y la resolución del “nudo” narrativo. En esta obra, desde la primera frase se sabe lo que va a suceder. Por ello, precisamente, la muerte de Santiago Nasar, anunciada y sabida por todo el pueblo, no es ninguna sorpresa. El lector avanza y va descubriendo que lo importante no es la línea “lógica” del relato, sino más  bien,  saber cómo pasaron las cosas. Lo que sucedió  ya lo sabe desde el inicio. Pero, se quieren saber detalles, motivaciones, y variantes en la percepción de la gente.

No hay ninguna sorpresa escondida después de un punto aparte. No hay engaño. En ese sentido la novela corta, disfrazada de “crónica”, rompe con muchos de los lugares comunes del género. Artificio de autor, que funciona claramente.


EL TERCER TRUCO: UNA SITUACION ALEJADA DEL HECHO CENTRAL PERO QUE SUGIERE UN CAMINO DE INTERPRETACION 
 
Recordemos parte del argumento. Un galán llegado de la Ciudad grande, se casa con una chica del poblado, en medio de las mayores celebraciones vistas en el sitio. En la madrugada, regresa a la chica a su familia, por no haberla encontrado virgen. En medio de la presión de su madre y sus hermanos, ella confiesa que el autor de su iniciación sexual es Santiago Nasar. Sin  embargo, algunos personajes piensan que existe la posibilidad de que el incriminado sea inocente y que Ángela Vicario (la chica que ha sido “devuelta”) estaba tal vez escondiendo la identidad del verdadero responsable.

Pero, existe un hecho sutil que lleva al lector en otra dirección: cuando Santiago acosa a la hija de la servidora y amante negra de su padre, no solo se limita a manifestar incluso delante de su madre, que “ya está lista para desbravar”. Y cuando se la encuentra a solas, la mano de Santiago se dirige de manera sistemática al sexo de la mulata indefensa.  Esos hechos sin duda muestran a Santiago Nasar como una especie de macho alfa no solo de su casa, sino también de su poblado.

Para el lector, a partir de allí, se dé cuenta o no,  es perfectamente posible que el estuviera implicado en la iniciación sexual de Ángela Vicario.  Con una descripción cruda, pero que constituye un hecho sutil y poco visible en el conjunto de la historia, García Márquez lleva a los lectores por un camino de dudas. Es este un interesante recurso narrativo.

 


sábado, 22 de julio de 2017

AMIN MAALUF Y EL PODER DE LA ESCRITURA

AMIN MAALUF Y EL PODER  DE LA ESCRITURA:
El personaje y las múltiples patrias en “León el Africano”



Me he vuelto a encontrar con un libro prodigioso, que mezcla como pocos pueden hacerlo, un relato apasionante con una prosa grata, sencilla de leer pero seguramente muy difícil de escribir. Una incursión magistral en los terrenos de la historia del Mediterráneo en los siglos XV y XVI, una visión desde las varias orillas de ese mar que ha unido y separado culturas y civilizaciones. Se trata de León el Africano, del autor libanés radicado en Francia, Amín Maaluf.

Obra escrita ya hace tres décadas, tiene sin embargo una actualidad palpitante. Es la historia de alguien de familia andaluza árabe,  nacido en Granada, pocos años antes de la caída de la ciudad en manos de los cristianos en el proceso de reconquista dirigida por Castilla. Desde España o desde América Latina pensamos en esa época como el comienzo de la gran aventura en tierras americanas. Casi nadie se pregunta por el destino de aquellos que, en lugar de ganar un nuevo país, perdieron el que consideraban suyo.  

El caso es que la migración --de religión o de geografía-- se impuso para los moros de España  y con ella la pérdida de parte de la identidad originaria. Un primer destino  sería Fez, en Marruecos. Allí encontramos  el proceso de educación del joven Hassan al-Wazan, llamado "El Granadino" por sus amigos. Y con ello, percibimos las primeras aventuras personales e intelectuales en medio de las guerras persistentes que oponían a los dos lados del Mediterráneo.

La primera descripción del personaje, de una riqueza extraordinaria, no puede ser más elocuente:

“…pero no vengo de  ningún país, de ninguna ciudad, de tribu alguna. Soy hijo del camino. Mi patria es la caravana, y mi vida la más inesperada de las travesías... Mis manos han conocido una vez y otra las caricias de la seda, los maltratos de la lana, el oro de los príncipes y las cadenas de los esclavos.  Mis dedos han separado mil velos, mis labios han hecho sonrojar mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y morir imperios……”    

Si la juventud vio pasar ante sus ojos la Ciudad marroquí, si el comercio trashumante y las caravanas de camellos fueron el resultado lógico, el paso a una vida adulta en medio de luchas de poder se dará en tierras lejanas, en El Cairo. Allí entrará Hassan en contacto con el gran imperio otomano, el otro lado, el Mediterráneo oriental.

Los años pasan, y una circunstancia del destino lo pone en manos de piratas sicilianos. Llega como prisionero en Roma, ciudad en la que, lo que más extrañaba era las horas del día definidas por el llamado del muecín a las oraciones de la religión de sus padres. Su conocimiento del mundo de la época y su manejo de los idiomas, lo llevan a ser protegido de Julio de Médici, el famoso Julio II, papa de la cristiandad.  Por ello, al final de su reflexión, puede decir, según el narrador de Maaluf: 

Mi sabiduría vivió en Roma, mi pasión en El Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia”.  

Transferido una, dos, tres veces, ejerciendo oficios diversos y viajando por las tierras conocidas de la época, nos encontramos con un personaje cuya caracterización avanza poco a poco de la mano maestra de Maaluf.  Llamado "Granadino" en Marruecos,  "Fezí" en Egipto,  "Egipcio" por los otomanos, será denominado simplemente como “El Africano” en la corte Vaticana. “León”, el nombre adoptivo puesto por su protector cristiano,   será el último que lleve y por el cual lo conoce la posteridad.  Alguien histórico de tantos quilates y diversidad, requería un escritor muy especial.  Lo más notable, desde la perspectiva de la  creación, es la caracterización del personaje, sin duda memorable en  la historia de la literatura.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta que un lector contemporáneo, hubiera querido saber más sobre el personaje: Sus dudas , sus sueños de infancia, sus relaciones normales con la trasgresión a los dictados severos de su fe, su figura física, algún hecho distintivo --una cicatriz, un lunar, una nariz con una curvatura especial--, el color de sus ojos, sus enfermedades, sus sueños eróticos, su conciencia luego de los primeros vinos prohibidos de su juventud, sus mezquindades y sus iras innecesarias, sus resignaciones y las modalidades de su ambición, o si alguna vez faltó a la palabra empeñada, si prefería las frutas a las hortalizas, y cuantas veces prefirió dormir hasta que el sol en lo alto se colara por entre las cortinas de su ventana, en lugar de asistir fielmente a las oraciones prescritas por su religión.

Como había sucedido con sus Patrias anteriores, la invasión de Roma por los ejércitos de Carlos V provocará un nuevo exilio, esta vez en Túnez. No lo dice el libro, pero seguramente su nombre volvería a cambiar en ese nuevo destino. En cualquier caso, encontramos un consejo extraordinario en la página final:

“No dudes nunca en alejarte, más allá de todos los mares, más allá de todas las fronteras, de todas las patrias, de todas las creencias”.

Solo le faltó a Maaluf recordar que a lo mejor su narrador quería terminar diciendo:

      “Conserva la fidelidad solamente para tu verdadera patria: la escritura”.  


miércoles, 31 de diciembre de 2014

CUÁNTOS BORGES HAY (HABÍA) FINALMENTE?




CUÁNTOS BORGES HAY (HABÍA) FINALMENTE?

He estado releyendo “El Hacedor”. Publicada hace mas de 50 años,  es sin embargo una obra muy representativa del autor. Pero lo más curioso es el corto pero sustancioso relato “Borges y yo”. Solo dos páginas bastaron para decir algo insólito: Que no había un Borges sino dos, o quizás más.  A lo mejor tendremos que hablar de cuatro Borges.


1) BORGES-PERSONA:

Pocos lo conocieron. Su madre, algunos compañeros de estudios en Ginebra, otros  de los que se creyeron sus amigos. Pero sobre todo, María Kodama, quizás, durante el final de su vida. Ese Borges no nos interesa. Ya no buscamos como en el pasado, explicaciones sobre la obra de los escritores, hurgando en los dogmas del psicoanálisis o en las motivaciones políticas. Hamlet es Hamlet y punto. Qué pasaba por la cabeza de Shakespeare cuando lo escribió, es irrelevante.  El Quijote es un héroe literario casi sin par. Si Cervantes lo escribió de día o de noche, rico o pobre, sereno o angustiado, frustrado o satisfecho, es algo que solo le interesa a los aprendices de psicoanalista.  Para los creadores, lo que importa es el relato extraordinario, los diversos niveles de lectura, los cuentos y novelas  dentro de la Novela, los personajes, los diálogos, la relación entre fantasía y narración.  Por eso, Jorge Luis Borges-persona, o Borges opinando sobre futbol o sobre política, no es relevante. Lo que nos interesa  es su temática profunda, su visión prodigiosa de lo humano y del destino paradójico, la precisión y ahorro del lenguaje, el extraordinario manejo de los adjetivos y la sintaxis, los diversos niveles de lectura, las "cajas chinas", las diversas realidades... Todas, son características de un segundo Borges, el autor, el creador.


2) BORGES-AUTOR:

No nació con Jorge Luis Borges Acevedo.  Yo siempre he dicho que en el edificio donde vivió con su familia cuando era estudiante de Bachillerato, no puede ponerse una placa que diga “Aquí vivió el escritor J.L Borges”, porque ello sería una mentira. Cuando allí vivió, no era escritor, y a lo mejor no se le había pasado por la mente que lo sería.  Ello explica su afirmación en “El Hacedor” (“Borges y yo”): “…de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico”. Ese Borges-escritor, ese Borges-autor, es uno de los que nos interesa, pero no es el único. Porque hay más.


3) BORGES-NARRADOR:

En muchos de los relatos de Borges-escritor, encontramos un narrador muy particular. En primera persona, personalísimo, casi tanto como el que se encuentra en la poesía. No sucede con todos los relatos en primera persona: No podría decirse que Borges es el traidor de la “cicatriz rencorosa” o el aventurero del puñal en el arrabal, o el hombre pensado-por-otro al que nadie ve desembarcar “en la unánime noche”. 

Sin embargo, en algunos de los relatos de Borges-escritor, el narrador parece ser un ectoplasma, otro yo que es él mismo, un Borges-narrador, creado por el Borges-Escritor, con o sin permiso del Borges-persona.  A lo mejor se expresa alguien con quien Borges-escritor no siempre se siente representado. Es este uno de los misterios de la creación literaria, como saben todos los escritores.  No manejamos a los personajes, ni a los narradores (o no siempre). A veces es como si adquirieran vida propia, como si hablaran y actuaran por sí mismos.

Pero el asunto no para allí, porque encontramos otro Borges, creado quizás como un acto intencional del Borges-Autor.


4) BORGES-PERSONAJE:

Algunos pueden pensar que la vanidad de Borges-escritor era infinita, y que por eso decidió crear un personaje: Borges (así,  a secas), para inmortalizarse en su obra. Una especie de meta-ficción en primera persona.   Otros, sostienen  que el hecho tenía un propósito mnemotécnico: que el lector fuera recordando cada vez, aún sin darse cuenta, que Borges era una palabra, un nombre, un acto de creación y un creador. Ese marketing sería hoy duramente criticado a cualquier autor contemporáneo. Por qué se lo admitimos a Borges-escritor, sin que nos parezca reprochable? Así nacen los mitos, volviendo normal lo misterioso. 


Como se ve, no hay un solo Borges. A mi me interesa el segundo (el Escritor), con su profundidad, su maestría y su prodigioso sentido de las paradojas; y un poco el tercero (el Narrador), con su lenguaje y su capacidad para sintetizar historias.


El primero (la persona), dejémoslo para los no escritores y los chismes de diván, de viejo café o de asamblea  política.  Y el cuarto (el personaje), no logró ser nunca un personaje famoso y nítido como Aquiles, Ulises, El Quijote, Macbeth, Rashkolnikov  o Aureliano Buendía. Una curiosidad, pues, y nada más, en la historia de la literatura.

lunes, 29 de octubre de 2012

HUMBERTO ECO: REFLEXIONES SOBRE LA ESCRITURA



Eco nos sorprende de vez en cuando con lúcidas reflexiones sobre la escritura. Tratándose de uno de los teóricos más representativos de la teoría de la recepción, es obvio que también reflexione sobre la lectura. En La Nación, de Buenos Aires, Diego Mazzei ha publicado recientemente una entrevista con Eco, que ha sido reproducida en "El Tiempo" de Bogotá este domingo. Veamos lo más interesante de la misma:


En la mitad de su vida se decidió a escribir una novela que pensó que iría a parar al archivo de la Universidad y terminó siendo un clásico que aún hoy sigue vendiéndose a raudales en todo el mundo: “El nombre de la rosa”, publicada en 1980. 

—Estoy seguro de una cosa. Si la hubiera escrito diez años antes o diez años después, nadie se habría acordado. Por lo tanto, hay ciertos momentos en que cierto libro va a responder a ciertos interrogantes.

¿Cuáles son en este caso? 
—No estoy en condiciones de decirlo. Y el misterio es doble en el sentido de que hay dos dimensiones. Una es que el libro se ha promocionado boca a boca. Y la otra es que este fenómeno se ha dado en Italia, Australia, México, en la India, en todos los países. Este fenómeno no puedo explicarlo, sino que miro a través de los ojos de los traductores. Un crítico italiano amigo mío ha dicho que los libros de sus traductores están mejor escritos que los suyos.

Eco trabaja compulsiva y metódicamente, aun a los 80 años. Para las novelas suele tomarse un tiempo. Ocho años para El péndulo de Foucault; seis años para las otras. 

¿Obsesión? 
—Sí, porque quiero hacer el trabajo bien. Podría hacer una silla por día. Pero prefiero hacer sólo una por semana. Porque la parte más bella para mí es el período que paso escribiendo un libro. Y por qué debo apurarme cuando es el periodo más bello. Cuando busco la documentación, cuando veo una cosa y me detengo. Todo eso es la parte más bella. Cuando el libro está terminado ya no me importa nada. Pero los…que hacen un libro al año no tienen este placer.


¿Las nuevas tecnologías están cambiando constantemente. El libro como objeto permanece?
—Sí, no soy un pesimista. Quiero decir, la invención del automóvil no ha eliminado la bicicleta. La de la fotografía no ha eliminado la pintura. Lo máximo que ha eliminado es el retrato. No hay más pintores que hacen retratos. Picasso vino después de la invención de la fotografía. Las dos cosas pueden coexistir. Tendremos en el futuro una mayor cantidad de información a través de los medios electrónicos. Es posible que, para los apasionados, las bibliotecas personales se reduzcan. Tanto mejor. Cuesta menos.

¿Es usted un escritor postmoderno?
—No sé exactamente qué quiere decir posmoderno, pero hay ciertos aspectos del posmoderno, la metaficción, la ficción sobre la ficción. En mis novelas siempre hay dos o tres capas, incluyendo la voz del narrador que habla de aquello que está narrando. La ironía. No la ironía de primer nivel, sino la ironía intertextual. Citar otras obras. Todos estos aspectos vagos pueden hacerme entrar no en el neorrealismo de la posguerra, sino en el posmoderno. Tampoco soy novelista histórico.

¿Para quién hay que escribir? ¿Se debe escribir para uno mismo? 
—Los que dicen que escriben para sí mismos se equivocan. Se escribe para los demás. Se escribe como un acto de comunicación. Pero no se escribe para los lectores que existen, sino para los lectores que no existen aún, que se quieren formar, que se quieren construir. Pero hay lectores que leen diez páginas y se aburren. No nos casamos todos con la misma mujer. No estamos obligados a amar todos lo mismo. Se escribe para un lector ideal, y un libro es una máquina para construir un lector. Piense en cómo comienzan las fábulas: 'Había una vez'. Ya es un modo de construir el lector... Con el libro puede no estallar de entrada el amor (a la manera del amor a primera vista, un ‘coup de foudre’. Puede ser un enamoramiento lento.


He eliminado, con toda intención, una mención de Eco a que cree que NO es posible enseñar a escribir. Claro que se puede, como se enseña la música en los Conservatorios de todo el mundo, o como se enseña a pintar o a esculpir en las escuelas de arte y las Universidades. Quizás él no haya necesitado una escuela de escritura, aunque lo farragoso de algunos de sus textos indica que es algo que le quedó haciendo falta, verdad? En todo caso, lo queremos y lo admiramos. Su aporte a la semiología y el camino que abrió con otros para el análisis de la recepción de las obras literarias son extraordinarios. Sus reflexiones sobre múltiples temas no lo son menos. Y su "El nombre de la rosa" ya es parte notable de la literatura del siglo XX. Pero está claro, querido Eco: Los cerca de 150 programas de Maestría en Escritura Creativa que existen hoy en el mundo, dicen a gritos que a escribir se aprende. Todavía hay espacio para el genio, o la improvisación, pero esa no es la tendencia hacia el futuro.

lunes, 14 de mayo de 2012

ALGUNAS MENTIRAS SOBRE LA LECTURA



ALGUNAS MENTIRAS SOBRE LA LECTURA

La segunda noticia interesante en Babelia de esta semana, se refiere a las mentiras de ingleses y estadounidenses sobre lecturas que dicen haber hecho, cuando solo ojeado un libro o su título. El antecedente más interesante fue una noticia aparecida en 2009, en la muy interesante publicación digital: http://www.actualitte.com/. Para quienes no leen francés, va a continuación mi transcripción de dicha noticia:

“En Gran Bretaña, los hábitos literarios y los deseos de los lectores, han sido sondeados en el transcurso del día mundial del libro (2009). El resultado han sido algunas verdades sobre pequeñas mentiras. Por ejemplo, 61% de los ingleses mienten en relación con libros que nunca han abierto, o lo han hecho parcialmente. Igualmente, mas de la mitad de los encuestados quisieran escribir un libro, si bien solo 11% han terminado alguno, pero no han encontrado aún el medio de hacerlo editar.
Respecto a los mentirosos, veamos cuales son los libros a los cuales la mentira se refiere con mayor frecuencia: George Orwell, con 42%, se lleva la delantera con su novela 1984. Le siguen “La guerra y la paz” con 31%, el Ulyses de Joyce con 25%, y la Biblia, con 24%.
Pero, por qué mentir? No olvidemos que el sex-appeal de los libros es que son instrumentos de seducción.  Por otra parte, existen autores que la gente lee, pero no quiere reconocerlo: Rowling, Grisham, Cooper, Archer.
¿Y qué quisieran escribir los ingleses? Una novela de aventuras o una policíaca, dice la mayor parte de las mujeres. ¿Y los hombres? : Quisieran escribir una novela de ciencia ficción. Otro dato curioso: Para 47% de los hombres, escribir sería nada mas que un medio de ganar dinero. De hecho, para 41% de los hombres encuestados, el atractivo de la ganancia representa una fuente de inspiración para convertirse en escritor, más aún que el deseo de contar una historia. Sin embargo, no puede desconocerse que los británicos son asiduos a la lectura: 96% de los encuestados reconocen haber leído hasta el amanecer, por lo menos alguna vez, para finalizar la lectura de un libro”.

Veamos la referencia publicada ahora, en Mayo de 2012,  en el blog de Babelia:

“Según un estudio de Lindeman’s Wine & Book Club (2012) los británicos mienten -y mucho- sobre los libros que aseguran haber leído: el 71% de los consultados reconoce haber mentido a familiares y amigos para evitar sonrojos literarios. ¿Los libros sobre los que más se miente? “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen, “El señor de los anillos” de J.R.R. Tolkien, “Jane Eyre” de Charlotte Brönte, “Tess de los d'Uberville” de Thomas Hardy y “El hobbit”, también de Tolkien.    
Los británicos no son los únicos mentirosos. Tras ver el estudio, algunos periodistas del New York Times -a pesar de la fama que les precede- confesaron los libros que ellos tampoco han leído (aunque en alguna conversación quizás hayan dejado entrever que sí...). Por ejemplo, “La broma infinita” de David Foster Wallace, “Las correcciones” de Jonathan Franzen, “1984” de George Orwell, o “Moby Dick” de Herman Melville, entre otros, conforman su lista de pecados”.

Podemos imaginar que en el mundo de habla hispana, mucha gente que afirma haber leído El Quijote, o "Cien Años de soledad”, en realidad no lo ha hecho. Incluso, es evidente muchas veces que  algunos críticos literarios en diversos sitios del mundo, comentan libros de los cuales solo han leído la contra-carátula y una decena de páginas. ¿Qué puede esperarse además, cuando en las librerías se encuentran resúmenes de libros para que las personas “ocupadas” puedan comentarlos sin haberlos leído, en los cockteles, reuniones sociales y exposiciones? No me pidan el título exacto de estos últimos libros, porque espero no tener nunca el dudoso gusto de comentarlos sin haberlos leído. Pero es que tampoco quisiera leerlos...¿O sí? 

LOS MANUSCRITOS DE JOYCE: ¿FINALMENTE DE DOMINIO PUBLICO?



LOS MANUSCRITOS DE JOYCE: ¿FINALMENTE DE DOMINIO PUBLIC0?
En "Papeles perdidos" excelente blog de Babelia, la sección cultural de El Pais de Madrid, Virginia Collera nos trae dos noticias interesantes esta semana. La primera, se refiere a que finalmente, los manuscritos de Joyce serán de dominio público. Veamos el texto:

"Desde el pasado mes de abril la colección digitalizada de manuscritos de James Joyce de la "National Library of Ireland" puede consultarse en su catálogo online. Un hito para los estudiosos del autor de Ulises quienes, hasta ahora, se topaban una y otra vez con las reclamaciones y/o negativas de su nieto Stephen, encargado de custodiar el patrimonio de su abuelo: éste les cobraba por sus consultas, no les permitía citar la obra de Joyce y hasta amenazó con un pleito al gobierno irlandés cuando le comunicaron que querían organizar una serie de lecturas públicas por el centenario de Ulises. Pero el pasado 1 de enero buena parte de las obras de Joyce pasaron al dominio público, así que los expertos respiran tranquilos. Con todo, el anuncio de la National Library fue discreto, en parte porque los archivos aún están en baja resolución y son poco legibles en muchos de los casos. Las copias en alta resolución estarán disponibles a partir del 16 de junio, fecha de la celebración del "Bloomsday" y del "XXIII International James Joyce Symposium". Para no naufragar entre la multitud de cartas, notas manuscritas y borradores, Terence Killeen del "James Joyce Centre" de Dublín propone unas útiles coordenadas en un artículo publicado en "The Irish Times"."