miércoles, 31 de diciembre de 2014

CUÁNTOS BORGES HAY (HABÍA) FINALMENTE?




CUÁNTOS BORGES HAY (HABÍA) FINALMENTE?

He estado releyendo “El Hacedor”. Publicada hace mas de 50 años,  es sin embargo una obra muy representativa del autor. Pero lo más curioso es el corto pero sustancioso relato “Borges y yo”. Solo dos páginas bastaron para decir algo insólito: Que no había un Borges sino dos, o quizás más.  A lo mejor tendremos que hablar de cuatro Borges.


1) BORGES-PERSONA:

Pocos lo conocieron. Su madre, algunos compañeros de estudios en Ginebra, otros  de los que se creyeron sus amigos. Pero sobre todo, María Kodama, quizás, durante el final de su vida. Ese Borges no nos interesa. Ya no buscamos como en el pasado, explicaciones sobre la obra de los escritores, hurgando en los dogmas del psicoanálisis o en las motivaciones políticas. Hamlet es Hamlet y punto. Qué pasaba por la cabeza de Shakespeare cuando lo escribió, es irrelevante.  El Quijote es un héroe literario casi sin par. Si Cervantes lo escribió de día o de noche, rico o pobre, sereno o angustiado, frustrado o satisfecho, es algo que solo le interesa a los aprendices de psicoanalista.  Para los creadores, lo que importa es el relato extraordinario, los diversos niveles de lectura, los cuentos y novelas  dentro de la Novela, los personajes, los diálogos, la relación entre fantasía y narración.  Por eso, Jorge Luis Borges-persona, o Borges opinando sobre futbol o sobre política, no es relevante. Lo que nos interesa  es su temática profunda, su visión prodigiosa de lo humano y del destino paradójico, la precisión y ahorro del lenguaje, el extraordinario manejo de los adjetivos y la sintaxis, los diversos niveles de lectura, las "cajas chinas", las diversas realidades... Todas, son características de un segundo Borges, el autor, el creador.


2) BORGES-AUTOR:

No nació con Jorge Luis Borges Acevedo.  Yo siempre he dicho que en el edificio donde vivió con su familia cuando era estudiante de Bachillerato, no puede ponerse una placa que diga “Aquí vivió el escritor J.L Borges”, porque ello sería una mentira. Cuando allí vivió, no era escritor, y a lo mejor no se le había pasado por la mente que lo sería.  Ello explica su afirmación en “El Hacedor” (“Borges y yo”): “…de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico”. Ese Borges-escritor, ese Borges-autor, es uno de los que nos interesa, pero no es el único. Porque hay más.


3) BORGES-NARRADOR:

En muchos de los relatos de Borges-escritor, encontramos un narrador muy particular. En primera persona, personalísimo, casi tanto como el que se encuentra en la poesía. No sucede con todos los relatos en primera persona: No podría decirse que Borges es el traidor de la “cicatriz rencorosa” o el aventurero del puñal en el arrabal, o el hombre pensado-por-otro al que nadie ve desembarcar “en la unánime noche”. 

Sin embargo, en algunos de los relatos de Borges-escritor, el narrador parece ser un ectoplasma, otro yo que es él mismo, un Borges-narrador, creado por el Borges-Escritor, con o sin permiso del Borges-persona.  A lo mejor se expresa alguien con quien Borges-escritor no siempre se siente representado. Es este uno de los misterios de la creación literaria, como saben todos los escritores.  No manejamos a los personajes, ni a los narradores (o no siempre). A veces es como si adquirieran vida propia, como si hablaran y actuaran por sí mismos.

Pero el asunto no para allí, porque encontramos otro Borges, creado quizás como un acto intencional del Borges-Autor.


4) BORGES-PERSONAJE:

Algunos pueden pensar que la vanidad de Borges-escritor era infinita, y que por eso decidió crear un personaje: Borges (así,  a secas), para inmortalizarse en su obra. Una especie de meta-ficción en primera persona.   Otros, sostienen  que el hecho tenía un propósito mnemotécnico: que el lector fuera recordando cada vez, aún sin darse cuenta, que Borges era una palabra, un nombre, un acto de creación y un creador. Ese marketing sería hoy duramente criticado a cualquier autor contemporáneo. Por qué se lo admitimos a Borges-escritor, sin que nos parezca reprochable? Así nacen los mitos, volviendo normal lo misterioso. 


Como se ve, no hay un solo Borges. A mi me interesa el segundo (el Escritor), con su profundidad, su maestría y su prodigioso sentido de las paradojas; y un poco el tercero (el Narrador), con su lenguaje y su capacidad para sintetizar historias.


El primero (la persona), dejémoslo para los no escritores y los chismes de diván, de viejo café o de asamblea  política.  Y el cuarto (el personaje), no logró ser nunca un personaje famoso y nítido como Aquiles, Ulises, El Quijote, Macbeth, Rashkolnikov  o Aureliano Buendía. Una curiosidad, pues, y nada más, en la historia de la literatura.

lunes, 29 de octubre de 2012

HUMBERTO ECO: REFLEXIONES SOBRE LA ESCRITURA



Eco nos sorprende de vez en cuando con lúcidas reflexiones sobre la escritura. Tratándose de uno de los teóricos más representativos de la teoría de la recepción, es obvio que también reflexione sobre la lectura. En La Nación, de Buenos Aires, Diego Mazzei ha publicado recientemente una entrevista con Eco, que ha sido reproducida en "El Tiempo" de Bogotá este domingo. Veamos lo más interesante de la misma:


En la mitad de su vida se decidió a escribir una novela que pensó que iría a parar al archivo de la Universidad y terminó siendo un clásico que aún hoy sigue vendiéndose a raudales en todo el mundo: “El nombre de la rosa”, publicada en 1980. 

—Estoy seguro de una cosa. Si la hubiera escrito diez años antes o diez años después, nadie se habría acordado. Por lo tanto, hay ciertos momentos en que cierto libro va a responder a ciertos interrogantes.

¿Cuáles son en este caso? 
—No estoy en condiciones de decirlo. Y el misterio es doble en el sentido de que hay dos dimensiones. Una es que el libro se ha promocionado boca a boca. Y la otra es que este fenómeno se ha dado en Italia, Australia, México, en la India, en todos los países. Este fenómeno no puedo explicarlo, sino que miro a través de los ojos de los traductores. Un crítico italiano amigo mío ha dicho que los libros de sus traductores están mejor escritos que los suyos.

Eco trabaja compulsiva y metódicamente, aun a los 80 años. Para las novelas suele tomarse un tiempo. Ocho años para El péndulo de Foucault; seis años para las otras. 

¿Obsesión? 
—Sí, porque quiero hacer el trabajo bien. Podría hacer una silla por día. Pero prefiero hacer sólo una por semana. Porque la parte más bella para mí es el período que paso escribiendo un libro. Y por qué debo apurarme cuando es el periodo más bello. Cuando busco la documentación, cuando veo una cosa y me detengo. Todo eso es la parte más bella. Cuando el libro está terminado ya no me importa nada. Pero los…que hacen un libro al año no tienen este placer.


¿Las nuevas tecnologías están cambiando constantemente. El libro como objeto permanece?
—Sí, no soy un pesimista. Quiero decir, la invención del automóvil no ha eliminado la bicicleta. La de la fotografía no ha eliminado la pintura. Lo máximo que ha eliminado es el retrato. No hay más pintores que hacen retratos. Picasso vino después de la invención de la fotografía. Las dos cosas pueden coexistir. Tendremos en el futuro una mayor cantidad de información a través de los medios electrónicos. Es posible que, para los apasionados, las bibliotecas personales se reduzcan. Tanto mejor. Cuesta menos.

¿Es usted un escritor postmoderno?
—No sé exactamente qué quiere decir posmoderno, pero hay ciertos aspectos del posmoderno, la metaficción, la ficción sobre la ficción. En mis novelas siempre hay dos o tres capas, incluyendo la voz del narrador que habla de aquello que está narrando. La ironía. No la ironía de primer nivel, sino la ironía intertextual. Citar otras obras. Todos estos aspectos vagos pueden hacerme entrar no en el neorrealismo de la posguerra, sino en el posmoderno. Tampoco soy novelista histórico.

¿Para quién hay que escribir? ¿Se debe escribir para uno mismo? 
—Los que dicen que escriben para sí mismos se equivocan. Se escribe para los demás. Se escribe como un acto de comunicación. Pero no se escribe para los lectores que existen, sino para los lectores que no existen aún, que se quieren formar, que se quieren construir. Pero hay lectores que leen diez páginas y se aburren. No nos casamos todos con la misma mujer. No estamos obligados a amar todos lo mismo. Se escribe para un lector ideal, y un libro es una máquina para construir un lector. Piense en cómo comienzan las fábulas: 'Había una vez'. Ya es un modo de construir el lector... Con el libro puede no estallar de entrada el amor (a la manera del amor a primera vista, un ‘coup de foudre’. Puede ser un enamoramiento lento.


He eliminado, con toda intención, una mención de Eco a que cree que NO es posible enseñar a escribir. Claro que se puede, como se enseña la música en los Conservatorios de todo el mundo, o como se enseña a pintar o a esculpir en las escuelas de arte y las Universidades. Quizás él no haya necesitado una escuela de escritura, aunque lo farragoso de algunos de sus textos indica que es algo que le quedó haciendo falta, verdad? En todo caso, lo queremos y lo admiramos. Su aporte a la semiología y el camino que abrió con otros para el análisis de la recepción de las obras literarias son extraordinarios. Sus reflexiones sobre múltiples temas no lo son menos. Y su "El nombre de la rosa" ya es parte notable de la literatura del siglo XX. Pero está claro, querido Eco: Los cerca de 150 programas de Maestría en Escritura Creativa que existen hoy en el mundo, dicen a gritos que a escribir se aprende. Todavía hay espacio para el genio, o la improvisación, pero esa no es la tendencia hacia el futuro.

lunes, 14 de mayo de 2012

ALGUNAS MENTIRAS SOBRE LA LECTURA



ALGUNAS MENTIRAS SOBRE LA LECTURA

La segunda noticia interesante en Babelia de esta semana, se refiere a las mentiras de ingleses y estadounidenses sobre lecturas que dicen haber hecho, cuando solo ojeado un libro o su título. El antecedente más interesante fue una noticia aparecida en 2009, en la muy interesante publicación digital: http://www.actualitte.com/. Para quienes no leen francés, va a continuación mi transcripción de dicha noticia:

“En Gran Bretaña, los hábitos literarios y los deseos de los lectores, han sido sondeados en el transcurso del día mundial del libro (2009). El resultado han sido algunas verdades sobre pequeñas mentiras. Por ejemplo, 61% de los ingleses mienten en relación con libros que nunca han abierto, o lo han hecho parcialmente. Igualmente, mas de la mitad de los encuestados quisieran escribir un libro, si bien solo 11% han terminado alguno, pero no han encontrado aún el medio de hacerlo editar.
Respecto a los mentirosos, veamos cuales son los libros a los cuales la mentira se refiere con mayor frecuencia: George Orwell, con 42%, se lleva la delantera con su novela 1984. Le siguen “La guerra y la paz” con 31%, el Ulyses de Joyce con 25%, y la Biblia, con 24%.
Pero, por qué mentir? No olvidemos que el sex-appeal de los libros es que son instrumentos de seducción.  Por otra parte, existen autores que la gente lee, pero no quiere reconocerlo: Rowling, Grisham, Cooper, Archer.
¿Y qué quisieran escribir los ingleses? Una novela de aventuras o una policíaca, dice la mayor parte de las mujeres. ¿Y los hombres? : Quisieran escribir una novela de ciencia ficción. Otro dato curioso: Para 47% de los hombres, escribir sería nada mas que un medio de ganar dinero. De hecho, para 41% de los hombres encuestados, el atractivo de la ganancia representa una fuente de inspiración para convertirse en escritor, más aún que el deseo de contar una historia. Sin embargo, no puede desconocerse que los británicos son asiduos a la lectura: 96% de los encuestados reconocen haber leído hasta el amanecer, por lo menos alguna vez, para finalizar la lectura de un libro”.

Veamos la referencia publicada ahora, en Mayo de 2012,  en el blog de Babelia:

“Según un estudio de Lindeman’s Wine & Book Club (2012) los británicos mienten -y mucho- sobre los libros que aseguran haber leído: el 71% de los consultados reconoce haber mentido a familiares y amigos para evitar sonrojos literarios. ¿Los libros sobre los que más se miente? “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen, “El señor de los anillos” de J.R.R. Tolkien, “Jane Eyre” de Charlotte Brönte, “Tess de los d'Uberville” de Thomas Hardy y “El hobbit”, también de Tolkien.    
Los británicos no son los únicos mentirosos. Tras ver el estudio, algunos periodistas del New York Times -a pesar de la fama que les precede- confesaron los libros que ellos tampoco han leído (aunque en alguna conversación quizás hayan dejado entrever que sí...). Por ejemplo, “La broma infinita” de David Foster Wallace, “Las correcciones” de Jonathan Franzen, “1984” de George Orwell, o “Moby Dick” de Herman Melville, entre otros, conforman su lista de pecados”.

Podemos imaginar que en el mundo de habla hispana, mucha gente que afirma haber leído El Quijote, o "Cien Años de soledad”, en realidad no lo ha hecho. Incluso, es evidente muchas veces que  algunos críticos literarios en diversos sitios del mundo, comentan libros de los cuales solo han leído la contra-carátula y una decena de páginas. ¿Qué puede esperarse además, cuando en las librerías se encuentran resúmenes de libros para que las personas “ocupadas” puedan comentarlos sin haberlos leído, en los cockteles, reuniones sociales y exposiciones? No me pidan el título exacto de estos últimos libros, porque espero no tener nunca el dudoso gusto de comentarlos sin haberlos leído. Pero es que tampoco quisiera leerlos...¿O sí? 

LOS MANUSCRITOS DE JOYCE: ¿FINALMENTE DE DOMINIO PUBLICO?



LOS MANUSCRITOS DE JOYCE: ¿FINALMENTE DE DOMINIO PUBLIC0?
En "Papeles perdidos" excelente blog de Babelia, la sección cultural de El Pais de Madrid, Virginia Collera nos trae dos noticias interesantes esta semana. La primera, se refiere a que finalmente, los manuscritos de Joyce serán de dominio público. Veamos el texto:

"Desde el pasado mes de abril la colección digitalizada de manuscritos de James Joyce de la "National Library of Ireland" puede consultarse en su catálogo online. Un hito para los estudiosos del autor de Ulises quienes, hasta ahora, se topaban una y otra vez con las reclamaciones y/o negativas de su nieto Stephen, encargado de custodiar el patrimonio de su abuelo: éste les cobraba por sus consultas, no les permitía citar la obra de Joyce y hasta amenazó con un pleito al gobierno irlandés cuando le comunicaron que querían organizar una serie de lecturas públicas por el centenario de Ulises. Pero el pasado 1 de enero buena parte de las obras de Joyce pasaron al dominio público, así que los expertos respiran tranquilos. Con todo, el anuncio de la National Library fue discreto, en parte porque los archivos aún están en baja resolución y son poco legibles en muchos de los casos. Las copias en alta resolución estarán disponibles a partir del 16 de junio, fecha de la celebración del "Bloomsday" y del "XXIII International James Joyce Symposium". Para no naufragar entre la multitud de cartas, notas manuscritas y borradores, Terence Killeen del "James Joyce Centre" de Dublín propone unas útiles coordenadas en un artículo publicado en "The Irish Times"."

sábado, 10 de marzo de 2012









LOS OCHENTA Y CINCO AÑOS DE GABRIEL GARCIA MARQUEZ: HOMENAJE DE UN BUEN ESCRITOR, AGRADECIDO

Nuestro Gabo acaba de cumplir sus venerables 85 años. Entre todo lo escrito por diversos escritores en el mundo, en especial el de habla castellana, vale la pena resaltar (y transcribir en este blog) un artículo del escritor y amigo peruano Ivan Thais, publicado originalmente en "Vano Oficio", su blog de "El País", y reproducido luego en su célebre blog "Moleskine Literario. Veamos el homenaje muy sentido que sus lectores hemos disfrutado. Es la mejor prueba de que la verdadera madurez mental y emocional, no tiene necesidad de "matar al padre". Dice así Ivan:


"Éramos adolescentes, estábamos en los últimos años de secundaria, no esperábamos regalos de nadie y la Navidad había dejado de ser una fecha importante para mí y mis hermanos. Acaso nos entusiasmaba la posibilidad de recibir una propina mayor que la del resto del año y comer panetón o beber chocolate caliente. Sin embargo, mi padre nos impuso el espíritu navideño obligándonos un intercambio de regalos. Conseguí cualquier cosa para mis hermanos y mis padres, por cumplir, y recibí mis paquetes con el mismo desdén. Entonces lo vi. Mi hermana me había envuelto El otoño del patriarca.

Nunca había sido tan libre. Finalizaba el año y me quedaban tres meses por delante, tres meses dedicados a la vagancia, a jugar fútbol con los amigos, a leer o ver televisión hasta la hora que quisiera. Iba a empezar mi último año del colegio, probablemente las próximas vacaciones las pasaría estudiando para ingresar a la universidad, así que eran mis últimas vacaciones indocumentado. Con ese aire cogí la novela al día siguiente y empecé a leerla. Había leído antesCien años de soledad pero no me había impactado tanto. Leer El otoño del patriarca en esas condiciones de libertad, tendido en el sofá con las ventanas abiertas durante jornadas de casi quince horas deteniéndome apenas para comer o ir al baño, fue una experiencia alucinatoria. Un auténtico viaje literario, con cuestas y abismos de palabras y frases que me extasiaban por la textura impecable de la prosa. Luego, releí Cien años de soledad y descubrí multiplicada la magia que había dejado pasar por alto la primera vez.

Es cierto que a mi generación se le acusa de haber intentado el parricidio contra Gabriel García Márquez. No es exacto. Ni siquiera en la antologíaMcOndo se arremete contra él. Los que quedan mal parados son los usurpadores, con mayor o menor fortuna, más o menos avispados, de la franquicia en que se convirtió el realismo mágico. Pero eso no tiene nada que ver con García Márquez ni con otros autores de lo real-maravilloso, cuyas obras mayores sobreviven a sus imitadores, a sus aduladores e incluso a su propia fama.

Porque si hay algo de lo que se le puede acusar a Gabriel García Márquez (aunque probablemente él no pretendió que eso sucediese) es el haberse convertido en un autor hegemónico, cuya sombra opacó a varias generaciones de escritores colombianos y latinoamericanos, y aún hoy resulta difícil despegarse de su aura casi mística. Recuerdo que un escritor me transmitió la sensación que tuvo cuando vio, en el homenaje que se le rindió hace unos años en el Congreso de la Lengua en Cartagena de Indias, llover del techo mariposas amarillas de papel. Miles de mariposas sobre la cabeza de reyes, presidentes, escritores, académicos, ancianos que lo conocieron cuando era un muchacho, alumnos que lo leían en el colegio. Mi amigo escritor dijo que no imaginaba otro autor vivo al que se le pudiera hacer un homenaje parecido. Tampoco yo. García Márquez se ha convertido en un producto de exportación colombiano. Como el café, como Shakira. No alabarlo en Colombia es lo mismo que insultar al país. Recuerdo que en una Feria Internacional del Libro en Bogotá deslicé la idea de que su última novela, Memorias de mis putas tristes, era un libro fallido, machista y folletinesco. Es curioso cómo un lugar común puede convertirse en una declaración “polémica” o “políticamente incorrecta” por culpa de la patriotería. Pude percibir la incomodidad entre los asistentes, hasta que una señora no aguantó más, se puso de pie y dijo que Colombia (ella hablaba por Colombia, desde luego) rechazaba mis insultos y desde ya consideraban asquerosos mis libros. Lo que esa señora no podía saber es que a quién más le duele que García Márquez no publique una novela digna de él no es a los colombianos, sino a sus lectores. Y que fue su talento lo que nos hizo exigentes, tanto que no le permitimos el menor desliz (y su última novela no es su único “desliz”, por cierto). Pero en eso somos injustos, porque a los escritores -como a los buenos futbolistas- hay que juzgarlos por lo mejor que han hecho, no por sus fallos. Y Gabriel García Márquez nos ha dado El otoño del patriarca, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, algunos cuentos memorables y, por si fuera poco, Cien años de soledad, la mejor novela escrita en castellano desde el Siglo de Oro. ¿Qué más podemos exigirle?

“¿Quién de todos uds. podría escribir un nuevo Cien años de soledad?” nos preguntó a bocajarro un periodista español en un encuentro literario en Sevilla (doce escritores latinoamericanos reunidos en la Fundación Lara, el mayor Roberto Bolaño y el menor Gonzalo Garcés). Un insensato. Es como exigirle a la poesía española que produzca otro Góngora. Nadie ha escrito ni escribirá un nuevo Cien años de soledad. No es necesario. Ese único libro basta para justificar no solo la existencia de la literatura latinoamericana, sino del idioma castellano, que nunca volvió a ser el mismo después de que García Márquez lograse transformarlo. Y ahora ese señor cumple 85 años y todos nos hemos volcado a celebrarlo como si fuese un centenario. ¿Pero qué celebramos exactamente? ¿Un cumpleaños más? No. Celebramos la suerte, la feliz coincidencia, de compartir el siglo con un genio de su altura. Algo digno no solo de festejar sino, sobre todo, de agradecer".

sábado, 8 de octubre de 2011

UN NOBEL PARA LA POESIA: SEIS POEMAS DE TOMAS TRANSTROMER


UN NOBEL PARA LA POESIA:
SEIS POEMAS DE TOMAS TRANSTROMER
Después de muchos años, el Nobel fue otorgado a un poeta. “Por las imágenes densas y limpias, que nos proporcionan un acceso nuevo a lo real”, en palabras de Secretario de la Academia Sueca. Más expresivo es el colega chileno Omar Pérez Santiago, cuando afirmaba desde hace mas de un año, que “Tomas Tranströmer es una de las grandes placas tectónicas de la poesía mundial. Un gran poeta del amor, un poeta erótico con velocidad y elegancia. También es participe del amor espiritual, una poesía del momento como una oración secular (…), una poesía compacta como un diamante”.
Ello explica por qué ha sido traducido a más de 40 idiomas y se le considera como el más importante poeta vivo de Europa. Que no lo conozcamos en América Latina, o que no lo conozcan en Francia, solo indica que pese a todo somos periferia de grandes corrientes intelectuales del mundo. Será que “todo nos llega tarde”? Lo importante es que llegue.
Mientras tenemos la ocasión de leerlo con más detalle y comentarlo, va una muestra con seis de sus poemas:


APUNTES DE FUEGO
Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias
puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.

C-MAYOR
Cuando bajó a la calle tras la cita de amor
Soplaba la nieve en el aire.
El invierno había llegado
Mientras hacían el amor.
La noche brilló blanca.
Él caminó rápido y alegre.
Toda la ciudad inclinada.
Transeúntes sonrientes-
Todos reían tras los cuellos alzados.
¡¡Era libre!!
Y todos los signos de interrogación cantaron la existencia de Dios

SECRETOS EN EL CAMINO
Liviana, vuelve la bofetada de las esferas celestes.
La música, a nuestra sombra, inocente como
el agua de la fuente que sube entre animales salvajes,
artísticamente petrificada alrededor del chorro de agua.
Con las cuerdas disfrazadas de bosque.
Con las cuerdas como el aparejo del aguacero:
la lancha es azotada por los cascos de un aguacero
y en lo íntimo, en el atasco del giroscopio, alegría.
Esta tarde se refleja la bonanza del mundo,
cuando las cuerdas son instaladas, sin que nadie toque.
Inmóviles en la niebla, los árboles del bosque
y la tundra húmeda espejeando en sí misma.
La mitad muda de la música está aquí, como el olor
a resina anda en torno a ramas heridas por el rayo.
En cada hombre, un verano subterráneo.
En el cruce de caminos, una sombra,
y se aleja corriendo, siguiendo la trompeta de Bach.
La piedad inspira súbita cautela. Dejar
su disfraz de yo en esta playa
donde la ola golpea y se retira, golpea
y se retira.

HOJA DE LIBRO NOCTURNO
Una noche de mayo aterricé
en un frío claro de luna
en que la hierba y las flores eran grises
pero el aroma, verde.
Resbalé cuesta arriba
en la noche daltónica
mientras las piedras blancas
señalaban la luna.
Un espaciotiempo
de algunos minutos
cincuenta y ocho años de ancho.
Y tras de mí
más allá de las aguas relucientes cual plomo
estaba la otra costa
y los poderosos.
Gentes con futuro
en vez de rostro.

LOS RECUERDOS ME MIRAN
Una mañana de junio es muy temprano
Para despertar, pero tarde para dormir de nuevo.
Debo ir a la hierba que está llena
De recuerdos, que me siguen con la mirada.
No se ven, se mezclan completamente
Con el fondo, camaleones perfectos.
Tan cerca que los escucho respirar
A pesar que el canto de los pájaros es estridente.

MADRIGAL
Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Mas llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. No estamos sin esperanzas. Los crímenes más difíciles continúan sin aclarar a pesar de los esfuerzos de muchos policías. Del mismo modo, hay en nuestra vida un gran amor sin aclarar. Heredé un bosque sombrío pero hoy yo camino en otro bosque, el luminoso. ¡Todas las criaturas que cantan, serpentean, mueven la cola y se arrastran! Es primavera y el aire es muy fuerte. Tengo un diploma de la universidad del olvido y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel.

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NOTA:
“Hoja de libro nocturno fue extraído del blog Moleskine Literario, de Ivan Thais, quien a su vez lo reprodujo de un diario argentino. La traducción es de Roberto Mascaró.
“Secretos en el camino”, del blog Escribir como loco, de Isaías Peña.
Los demás poemas son traducción del escritor chileno Omar Pérez Santiago, quizás el mejor conocedor latinoamericano de la poesía de Tranströmer, a quien parece haberse aficionado desde sus estudios en Suecia, con motivo del exilio. Se publicaron en su blog Revolución con letras.