martes, 2 de febrero de 2010


REALMENTE SE FUE SALINGER? Una reflexión de Michiko Kakutani


No sabemos si es cierto que Salinger ha muerto. Seguramente así lo ha decidido un acta oficial de defunción. Pero, se ha ido solo ahora? O, permanece? Para muchos, Salinger había desaparecido desde hace muchos años, un poco después de la publicación de “El guardián entre el centeno”, su obra más conocida, su única obra según sus adversarios.. El había querido aislarse del mundo, por lo menos físicamente. Quizás recorrió algunas ciudades de los Estados Unidos sin que pudiera ser identificado, hasta tal punto había llegado el desconocimiento del público sobre su figura o apariencia física en los últimos años. Otros dicen que pese a todo, estaba tremendamente vivo y así seguirá mientras lo continuemos leyendo. No es ciertamente mi autor favorito, pero leerlo es un paseo por algunos aspectos no siempre gratos de mundos interiores que pese a todo quisiéramos escudriñar un poco más. Michiko Kakutani publicó en el New York Times (pag A23), el 29 de Enero, una buena semblanza de Salinger, que reproduzco a continuación:


Lo que realmente impactó a los lectores en “El Guardián entre el centeno”, fue el lenguaje tan maravillosamente cercano que Salinger creó para Holden Caulfield; un lenguaje que le permitió canalizar los pensamientos, ansiedades y frustraciones de un muchacho de 16 años, un lenguaje que evaluaba con escepticismo al mundo, denunciando a la gente falsa, hipócrita y vacía. Salinger tenía un “ojo” tan infalible para ubicar y expresar los sentimientos de angustia, vulnerabilidad y rabia de los adolescentes, que “El guardián”, publicado en 1951, continúa siendo uno de los primeros libros de los cuales los jóvenes se enamoran: un libro que expresa íntimamente lo que significa ser joven, sensible y precozmente existencial, un libro que los despierta por primera vez a las posibilidades de la literatura.


Los personajes:
Los de Salinger tienden a ser personajes forasteros, viajeros espirituales que han naufragado en un mundo vulgar y materialista, desadaptados que nunca han superado los sentimientos de alienación de la adolescencia. Se identifican con los niños, y se aferran a la inocencia de la infancia con una ferocidad que limita con la desesperación: Holden, por ejemplo, desea ser el guardián entre el centeno que impide que los niños caigan de un barranco; Seymour, a su vez, conversa con una niñita en la playa sobre los peces banana antes de subir a su cuarto de hotel y dispararse en la cabeza. Estos personajes tienen ansias de una mayor verdad espiritual, pero al mismo tiempo tienden a tener una visión adolescente del mundo y a dividir a la gente en categorías: los auténticos y los falsos, los que comprenden "la principal corriente de poesía que fluye a través de las cosas", y aquellos inferiores e ignorantes que nunca la comprenderán: una categoría extensa que incluye a todos, desde pomposos estudiantes universitarios que repiten como loros teorías de crítica literaria de moda, hasta gente elegante y bien alimentada que va al teatro, pasando por charlatanes satisfechos de sí mismos que cuentan cada jugada de un juego de fútbol o usan con orgullo chalecos a cuadros sin mangas. Al igual que Franny, los personajes de Salinger piensan que "lo que hacen todos no es tan malo, ni siquiera mezquino, o necesariamente estúpido, pero es por otra parte tan pequeño, sin sentido y entristecedor…".

Salinger fue capaz de describir los escondrijos de la psiquis de su joven narrador, evocando al mismo tiempo una Manhattan sofisticada, post Scott Fitzgerald, y post Segunda Guerra Mundial, un mundo que era familiar a sus lectores de Nueva York, rodeados del Radio City Music Hall, Bergdorf Goodman y Central Park (donde Holden se pregunta sobre los patos en la laguna y a dónde van cuando esta se congela en el invierno). De este modo, no sólo domesticó las innovaciones de los grandes modernistas -- su habilidad para manipular los monólogos interiores, o para indagar en las vidas internas de sus personajes--, sino que también presagió los personajes auto-inventariados de Philip Roth y Saul Bellow, y las meditaciones "mirándose al ombligo", de los autores de las futuras Generaciones del Yo.

El aporte literario:
Algunos críticos desestimaron el encanto fácil y superficial de la obra de Salinger, acusándolo de “lindura” y sentimentalismo. Pero obras como "El Guardián", "Franny y Zooey" y sus cuentos cortos más conocidos tendrían gran influencia sobre varias generaciones de escritores. Sus mejores obras muestran un lenguaje coloquial e idiomático, su don extraordinario para el ventrilocuismo, su clara habilidad para crear cuentos dentro de otros cuentos, así como su oído infalible para el lenguaje cosmopolita de los neoyorquinos (lo que él llamó "Oído para los ritmos y cadencias del lenguaje coloquial") y su ojo avizor para hallar el gesto que lo dice todo: el cigarrillo que se prende con nerviosismo, la mirada de rayos X, el beso cohibido en la plataforma de la estación...Con el tiempo, la obra de Salinger se fue haciendo más elíptica. Sin embargo, sus nuevos escritos nunca eclipsarían el logro del "Guardián" en las mentes de sus seguidores. Una novela que continúa impactando a la gente, una novela que sigue siendo atesorada, casi seis décadas después de ser publicada por primera vez, por su retrato perfecto de la adolescencia y su indispensable héroe.